La madre se reía y la hija, por imitación, también. Como estaba aprendiendo a hablar, la mujer aprovechaba momentos en que Aarón, su marido, tartamudeaba con torpeza chistosa para tranquilizarla: “Hija, nunca podrás hacerlo peor”.
Aarón fue cohibiéndose, evitando comunicarse con su pequeña. No fuera a reírse con un “te requiero”. Cuando se frustraba, salía a caminar. En una de estas salidas, tropezó. Alguien se rió, y su hijito, por imitación. Aarón se acercó y preguntó: “¿U-usted creee que ca-caminar y tropezaa-aar es lo mismo que habla-hablar y tarta-tartamudear?"
Aarón tenía el puño cerrado, por si le respondía que sí.