Otra bolsa de azúcar terminada y Dante, de siete años, nuevamente le exige plata a su mamá. Ella le discute para finalizar cediendo. Dante llega a la tienda. Trepa las góndolas con mercadería, pero cae. Y con él, kilos de azúcar que lo tienen viciado, cubriéndolo. Y no puede sacárselos de encima. Pide ayuda. Nadie escucha. Está bajo una montaña y es muy chico para ponerse en pie. Entonces, para sobrevivir, sabe que tiene que hacer lo que hasta entonces nunca quiso admitir. Y se desolla la piel, como si de un traje se tratara, revelando al hombre que es.