—Muchas gracias por su tiempo, por tomarse la molestia de venir. Usted merece que yo me disculpe mirándolo a la cara.
—Dígame. ¿Cáncer?
—Cáncer, sí... Creía —bueno, no solo yo, todo el equipo médico que revisó su caso— que reunía las condiciones y que la conclusión era evidente.
—¿Usted sabe cuántas noches pasé sin dormir?
—Todas las del mundo.
—Ninguna que valga la pena para tener ojeras. Esta piel no se cuida sola.
El paciente procede a ponerse lentes oscuros. Dentro de la consulta. El doctor le extiende el resultado final de sus exámenes y agrega:
—Definitivamente, usted es Leo.