Vivía en una jaula algo menos estrecha que su jaula mental. Ragnar, un perro envuelto en costras y heridas que tardan en sanar, con un año, solo sabía de exterminar para sobrevivir... O así lo educó su dueño en peleas clandestinas. Pronto, Ragnar se volvió el mejor dentro de su rol.
Un día, camino a uno de estos eventos carniceros, Ragnar vio a un dóberman como él, pero limpio, despreocupado y feliz, jugando con otro.
Cuando llegó su turno de batirse a duelo, Ragnar se echó al suelo, sus cuatro patas arriba, la pancita al aire y empezó a retorcerse.
Seguro que por primera vez se sintió feliz. Lo que me preocupa es lo que le hizo su contrincante. Quizá lo despedazó al pobre mientras retozaba por el suelo.
ResponderBorrarUn abrazo.
No sé a quién le comenté el otro día, que aquí en España, hace como 20 años que no se ve un dóberman por la calle. Hace un par de meses vi uno con un cría y me di cuenta de eso.
ResponderBorrarNo sé en qué peli los presos de una cárcel pedían com mucho ímpetu que volvieran a poner " sonrisa y lágrimas," de Julie Andrews, no sé cómobse tituló por ahí..
Abrazooo
Qué fuerza tiene este relato, Julio David. Ragnar no solo se enfrenta a otros perros, sino a la propia cárcel de su destino. Ese instante en que se rinde, mostrando la panza, parece más un gesto de libertad que de derrota: como si por fin se permitiera ser perro y no fiera. Me queda la duda y el escalofrío, de si la felicidad que sintió fue apenas un destello antes del golpe final. En cualquier caso, conmueve pensar que incluso en la Matrix de las jaulas y las heridas, todavía hay espacio para un gesto de inocencia.
ResponderBorrarUn abrazo.
Hola Julio David, un microrelato muy potente con esa elección de no seguir dentro del “traje de fiera” que otros le colocaron. Me ha gustado cómo consigues condensar en unas líneas la idea de que incluso quienes han sido moldeados por el dolor y la violencia pueden reconocer, aunque sea por un segundo, que existe otra forma de existir. El único problema de su elección es que como dice Josep al mostrarse vulnerable sea fieramente atacado. Muy bien logrado.
ResponderBorrarHay más sentido común y sensibilidad en los animales, que en los humanos.
ResponderBorrarUn abrazo.
Julio David, un relato extraordinario.
ResponderBorrarEl fue preparado toda su vida para la lucha y al ver a otros perros felices, cosa que no era algo que pasaba por el, decidió cambiar su vida, aunque sea por un instante se sintió libre y feliz.
Tienes razón, en algunos cuentos que escribo son parte de mi vida y con eso quiero que sepan que no todos los niños que sufrieron abandono en la edad adulta tienen problemas emocionales.
Siempre estuve rodeada de gente maravillosa y sabia y eso cambio mi vida, esa soledad de la infancia me hizo crecer y aprendí que cada uno tiene la fuerza de elegir su camino, hoy le doy gracias a Dios por ese abandono.
Gracias por tu comentario, eres muy intuitivo al leer.
Que pases un hermoso y feliz fin de semana
Besos Julio David
Ese día Ragnar descubrió su verdadero yo. Lo habían programado desde pequeño a algo que no era él.
ResponderBorrarHace algún tiempo un veterinario me dijo que los perros de supuesta raza peligrosa, no lo son, si no son criados así.
Abrazos!
Qué buena enseñanza... la educación lo es todo.
ResponderBorrarSaludos.
Si Ragnar hizo eso, es que el desalmado que lo educó para la violencia, no lo educó bien. Y me alegro por ello.
ResponderBorrarSin duda, Julio, hay perros de ambas actitudes... Si bien la primera inducidad a la fuerza.
ResponderBorrarAbrazo.
No hay destino que mande y mucho menos educación o enseñanza que logre castrarte si tenés coraje...
ResponderBorrarMe encantó, amigo. Abrazo grande!!
Fallo en la matrix... excelente título y relato
ResponderBorrarPaz
Isaac
En el fondo de todos -animales y humanos- queda siempre esa chispa esencial de quien de verdad somos, por mucho q la vida nos haya maltratado e incluso destruido. Lo q nos falta es el coraje de mostrarnos tal cual somos...Esa pelea, aunq sea la última, aunq le despedacen , será sin duda su gran victoria!
ResponderBorrarBien por Ragnar ..y por ti! Abrazo fuerte!
PD.- Confío q su contrincante , se sorprenda tanto por su reacción q actúe igual, para horror de sus horribles dueños : )
¿Cuál habrá sido la reacción del otro animal? Y no, no me refiero a su "dueño".
ResponderBorrarSaludos,
J.
....a veces las conductas aprendidas deben de soltarse para enfrentar el destino , perder para ganar
ResponderBorrarBuena semana 💐
Julio David, qué historia tan potente. En pocas líneas has construido todo un mundo alrededor de Ragnar: su pasado, su dolor, su condicionamiento… y ese instante de ruptura que lo cambia todo. Ese “fallo en la Matrix” que mencionas es casi un gesto de lucidez, como si por un segundo hubiera visto la vida sin el traje que le impusieron.
ResponderBorrarQué fuerza tiene esa imagen del dóberman libre, limpio, jugando… y cómo ese simple contraste abre una grieta en el destino que Ragnar creía único posible. Que en mitad de una vida diseñada para la violencia él elija la vulnerabilidad -o la rendición, o la esperanza- es de esas cosas que se te quedan clavadas.
Gracias por escribir algo tan breve y tan cargado de significado. Un fuerte abrazo :)
Tomó conciencia de que en la vida se puede ser, simplemente, feliz... Aunque no sabemos el final del cuento, es decir, lo que el otro hizo con él...
ResponderBorrarUn abrazo, amigo
Singular y contenido como es habitual en ti, este espléndido y delicioso relato sobre ese perro tan singular, Julio David. Siempre logras atraparnos, una de tus grandes virtudes como literato.
ResponderBorrarUn fuerte abrazo desde Barcelona.