Don Helio intuye algo extraño. Corre la cadera y la mano de la mujer insiste en meterse, con la sensualidad hipnótica de una serpiente, por el bolsillo del viejo. Y el semáforo sigue en rojo. Raquel se envalentona, se acerca a don Helio, que la mira sin mirarla, y lo saluda. La ladrona se da media vuelta. Raquel, tras suspirar, dice que lo ayudará en sus trámites. Mientras tanto, proclama: "Pronto volverá Jesús —se le arrima— y se enfrentará al Anticristo. ¿Y sabe? reinará el bien sobre el mal". Don Helio para y sonríe: "¡Pero niña, eso acaba de pasar!".
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