"¡¿Quién xuxa tomó mis cigarros?!". La familia no supo qué decir. La mujer corrió muebles, vació cajones, barrió donde nunca había barrido. "¡Hablen, weones!". Golpeó paredes, secó sus lágrimas y se tomó el pecho: "Si me da un paro, quedará en sus conciencias". Luego: "¿Escucharon? Son las trompetas del Apocalipsis. ¡Un pucho, rápido!". Y se tiró por la ventana al jardín. Sus familiares fueron a socorrerla, y Alma, mirando al cielo, entre risas, remató: "Llevo un mes y un día sin el vicio, y así me imaginaba que lo iba a vivir. ¿No les da gusto que fue al contrario?".
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