La madre se reía y la hija, por imitación, también. Como estaba aprendiendo a hablar, la mujer aprovechaba momentos en que Aarón, su marido, tartamudeaba con torpeza chistosa para tranquilizarla: “Hija, nunca podrás hacerlo peor”.
Aarón fue cohibiéndose, evitando comunicarse con su pequeña. No fuera a reírse con un “te requiero”. Cuando se frustraba, salía a caminar. En una de estas salidas, tropezó. Alguien se rió, y su hijito, por imitación. Aarón se acercó y preguntó: “¿U-usted creee que ca-caminar y tropezaa-aar es lo mismo que habla-hablar y tarta-tartamudear?"
Aarón tenía el puño cerrado, por si le respondía que sí.
Pues me temo que sí que es lo mismo. Más vale que se calle. Si no la hija podría aprender a hablar tartamudeo, creyendo que es un dialecto del español que le enseña su madre. La vida es dura.
ResponderBorrarVivir en el menosprecio e incomprensión constante de e generar tal grado de frustración interior q una ínfima chispita lo hace estallar ...nosotros solo vemos esa explosión final , lo q nadie sabe es todo lo q hay detrás...Es precioso lo tierno q escribes del asunto más despreciable, tienes un don, aún más mágico q los números jajaja Mil gracias, un abraa-braaazo, para Aarón otro!
ResponderBorrarLo del puño cerrado, indica hasta qué punto estaba cabreado.
ResponderBorrarAbrazo.
Bueno, Julio David, tolero poquito la humillación, ni en gracias, ni en nada, y esta mujer, pues que quieres que te diga, está sembrando una semilla totalmente nociva.
ResponderBorrarPobre hombre, me ha producido muchísima compasión este relato.
Un fuerte abrazo.
Esperemos que no se imponga el tartamudeo como primera lengua, que corren tiempos muy chungos y cualquier cosa es posible...
ResponderBorrarHasta el nombre era irónico... Aaron...
ResponderBorrarLos hay que nacen predestinados.
Suficiente complejo debía el pobre tener como para que incluso su mujer le recriminara su tartamudez. Sería tartamudo pero no tonto.
ResponderBorrarUn abrazo.
Aarón, dentro de poco, será una máquina de matar o un retraído. La sociedad es una gran fábrica, tanto de lo uno como de lo otro.
ResponderBorrarPobre Aaron, despierta mucha ternura, debe ser difícil vivir con ese problema y ser el blanco de chistes y de imitaciones. Menos mal que ese puño indica que se está rebelando. El nombre es un puntazo. Saludos
ResponderBorrarAarón tendrá que cerrar muchas veces el puño pero al final seguro que le servirá. La personas a veces somos muy crueles.
ResponderBorrarUn abrazo Julio David.