Lisa, la maniquí, ya no era la más hermosa de la vitrina. Olvidada por sus decoradores, se sintió invisible, indigna, y se preguntó si seguía siendo útil para la tienda.
Cuando la botaron al tarro de basura, se respondió.
Justo ese día, una manifestación pasaba por esa misma avenida, donde los olvidados de la sociedad exigían ser visibilizados y tratados con dignidad. Lisa lloró viéndose reflejada. Pero cuando un grupo escondió unas bombas molotov bajo su vestido, Lisa se preguntó si quería ser de utilidad así para el sistema. Y en un acto hermoso, fue la más hermosa al desactivarlas.
Un acto generoso por su parte
ResponderBorrarNoble, linda, inteligente y hábil.
ResponderBorrarUna heroína.
Abrazo.
Un buen final para una maniquí con conciencia.
ResponderBorrarUn abrazo.
Y seguro que los de la tienda ni la rescataron del contenedor. El mundo está lleno de desagradecidos.
ResponderBorrarSi los objetos nos contaran sus sentimientos...
Aunque peor habría sido que la expusieron desnudez en un rincón del escaparate
Abrazooo
Un relato con difrerentes teclas que pulsar y...
ResponderBorrarAl final funcionó la mejor.
Original texto, Julio.
Abrazos.
Y nadie se enteró de su gesto. Así suele ocurrir con los verdaderos héroes. Esa maniquí no pasará a la posteridad, una pena.
ResponderBorrarUn abrazo.
Lisa, la maniquí, se convierte en espejo de los invisibles: primero olvidada, luego usada, finalmente rebelde. Qué paradoja tan hermosa: ser más útil al sistema desactivando su violencia que sirviendo de vitrina. Tu relato nos recuerda que incluso lo desechado puede recuperar dignidad en un gesto inesperado.
ResponderBorrarEn tiempos donde la continuidad del drama parece inevitable, tu “fallo en la Matrix” abre una grieta luminosa.
Gracias por recordarnos que la belleza no está en la perfección del escaparate, sino en la valentía de resistir.
La heroicidad del anonimato...
ResponderBorrarMe encantó. Abrazo hasta vos.
cuantas Lisas han pasado por los escaparates ...
ResponderBorrarbuen finde , abrazo 💐