lunes, 19 de enero de 2026

CRECER

En su cumpleaños, el pequeño Jacobo salió de la tienda de cotillón cargando una piñata. A cada paso, la piñata se volvía más ligera y compacta y él más alto y grueso. De pronto ya no la cargaba, flotaba. Y podía mirar al frente. Cuando llegó a casa, se miró al espejo. El reflejo adivinaba una sonrisa bajo su barba. Colgó la piñata, la descascaró como huevo cocido y cayó de ella el pequeño Jacobo. “¡Ándate! ¡Es mi cumpleaños!”, gritó el niño. “No, es nuestro cumpleaños -estableció-. Tu juega. Yo me encargo de ahora en adelante”, respondió el Jacobo adulto.

21 comentarios:

  1. Los dos yoes, de las personas, o como no renunciar al niño que llevamos dentro.
    Un abrazo.

    ResponderBorrar
  2. Nunca celebré mis cumpleaños con una piñata de por medio, por temor a que me ocurriera algo así, pues descubrir dentro de ella al niño que fui me resutaría extraordinariamente paranormal, je, je.
    Un abrazo.

    ResponderBorrar
  3. Qué hermoso modo de narrar ese instante en que el niño interior y el adulto se encuentran sin anularse. La imagen de la piñata que se vuelve ligera mientras Jacobo crece es una metáfora preciosa: crecer no como pérdida, sino como desdoblamiento, como pacto entre lo que fuimos y lo que seguimos siendo.
    Me quedo con esa idea luminosa de que ambos pueden convivir, jugar y hacerse cargo del mundo a su manera. Un relato breve, pero con una profundidad que acompaña.

    ResponderBorrar
  4. El niño interior salva al adulto con mucha frecuencia. A quienes hemos tenido una buena infancia.
    Abrazos.

    ResponderBorrar
  5. Cuento fantástico sobre Jacobo cuya vida se contempla de su infancia a la adultez. Es el cumpleaños de los dos. Tantas veces he soñado poder hablar con el niño que fui y he pensado en lo que le diría para que sufriera menos...

    ResponderBorrar
  6. Este es buenísimo.
    Cuántos somos dentro de nosotros.
    El niño, el joven , el adulto, el anciano...

    ResponderBorrar
  7. Hola Julio David ,muy bien contado el paso del Jacobo niño al adulto para terminar con el adulto vigilante del niño.
    Un abrazo
    Puri

    ResponderBorrar
  8. Había unas piñatas globo que las pinchabas y explotaban llenas de caramelos... Ya ves el niño sigue ahí :)
    Un abrazo

    ResponderBorrar
  9. Creo que el Jacobo adulto, por ser tal, jamás colmará las necesidades de su yo infante. Probablemente empezará a prohibirle cosas o todo.

    ResponderBorrar
  10. Julio David, hermoso relato.
    No tuve una infancia dorada, pero me dejo muchas enseñanzas.
    Encontrarme con la niña que fui, seria hermoso porque a pesar de todo me hizo fuerte y sensible.
    El paso del tiempo es inevitable, un encuentro tierno.
    Que pases un hermoso día, nunca pierdas a ese niño interior, se aprende mucho de el.
    Besos Julio David

    ResponderBorrar
  11. Tan viejos niños seguimos siendo... Lo sepamos o no.
    Abrazo hasta vos!!

    ResponderBorrar
  12. Julio David, siempre sorprendente, atrevido en tu manera de enlazar ideas y contarnos de forma sorpresiva algo preciso y ocurrente como este divertido momento en que la piñata parece transformarse y transformar. Muchísimas gracias y
    un fuerte abrazo.

    ResponderBorrar
  13. Julio, qué texto tan brillante y tan sutil. Me encanta esa imagen de crecer sin darse cuenta, de ir soltando peso mientras uno se vuelve más ancho por dentro. Ese diálogo final entre el niño y el adulto es una joya: tierno, inquietante y profundamente verdadero.

    Te leo además en un momento muy simbólico para mí, en plena mudanza, rodeado de cajas y de decisiones sobre qué se queda y qué se suelta. Quizá por eso ese “yo me encargo de ahora en adelante” resuena aún más fuerte.

    Un relato breve que abre muchas capas.
    Un abrazo grande.

    ResponderBorrar
  14. Las personas y sus perspectivas visuales se encuentran y a veces dialogan

    Abrazos 💐☺️

    ResponderBorrar
  15. Que bello es sentirse todavia niño cuando se llega a cierta edad...
    Un saludo, amigo

    ResponderBorrar
  16. Una dualidad protagónica admirable con pinceladas de realismo mágico. Bien logrado. Vaya un saludo y te alcance en la distancia sur.

    ResponderBorrar
  17. Bonita forma de describir ese importante paso , hay que conservar siempre vivo al niño interior.
    Abrazo

    ResponderBorrar
  18. Siempre llevamos al niño adentro, es así

    Paz

    Isaac

    ResponderBorrar
  19. jaja !Qué buenísima la imagen! además, totalmente verdad. La vida es una enorme piñata llena de sorpresas y coscorrones que nos caen mientras crecemos sin dejar de ser quienes fuimos en esencia, aún cuando parezcamos diferentes por fuera. Mil gracias por esto y aquello ...Un abrazo muy fuerte para ti y tb para el pequeño JULIO DAVID ; )

    ResponderBorrar
  20. Hola Julio David.
    Yo escribo para niños por eso me siento niña. Me ha gustado mucho tu relato.
    Te sigo desde hoy. Me encantaría tenerte por mi blog también.
    Un saludo y que tengas buen día.

    ResponderBorrar
  21. Precioso! Se crece tan rápido. Casi sin darnos cuenta. Eso sí... el niño interior debemos conservarlo siempre.
    Me encantó ❤❤👏👏

    ResponderBorrar

El COMENTARIO ESTÁ SUJETO A MODERACIÓN