En su cumpleaños, el pequeño Jacobo salió de la tienda de cotillón cargando una piñata. A cada paso, la piñata se volvía más ligera y compacta y él más alto y grueso. De pronto ya no la cargaba, flotaba. Y podía mirar al frente. Cuando llegó a casa, se miró al espejo. El reflejo adivinaba una sonrisa bajo su barba. Colgó la piñata, la descascaró como huevo cocido y cayó de ella el pequeño Jacobo. “¡Ándate! ¡Es mi cumpleaños!”, gritó el niño. “No, es nuestro cumpleaños -estableció-. Tu juega. Yo me encargo de ahora en adelante”, respondió el Jacobo adulto.
Los dos yoes, de las personas, o como no renunciar al niño que llevamos dentro.
ResponderBorrarUn abrazo.
Nunca celebré mis cumpleaños con una piñata de por medio, por temor a que me ocurriera algo así, pues descubrir dentro de ella al niño que fui me resutaría extraordinariamente paranormal, je, je.
ResponderBorrarUn abrazo.
Qué hermoso modo de narrar ese instante en que el niño interior y el adulto se encuentran sin anularse. La imagen de la piñata que se vuelve ligera mientras Jacobo crece es una metáfora preciosa: crecer no como pérdida, sino como desdoblamiento, como pacto entre lo que fuimos y lo que seguimos siendo.
ResponderBorrarMe quedo con esa idea luminosa de que ambos pueden convivir, jugar y hacerse cargo del mundo a su manera. Un relato breve, pero con una profundidad que acompaña.
El niño interior salva al adulto con mucha frecuencia. A quienes hemos tenido una buena infancia.
ResponderBorrarAbrazos.
Cuento fantástico sobre Jacobo cuya vida se contempla de su infancia a la adultez. Es el cumpleaños de los dos. Tantas veces he soñado poder hablar con el niño que fui y he pensado en lo que le diría para que sufriera menos...
ResponderBorrarEste es buenísimo.
ResponderBorrarCuántos somos dentro de nosotros.
El niño, el joven , el adulto, el anciano...
Hola Julio David ,muy bien contado el paso del Jacobo niño al adulto para terminar con el adulto vigilante del niño.
ResponderBorrarUn abrazo
Puri
Había unas piñatas globo que las pinchabas y explotaban llenas de caramelos... Ya ves el niño sigue ahí :)
ResponderBorrarUn abrazo
Creo que el Jacobo adulto, por ser tal, jamás colmará las necesidades de su yo infante. Probablemente empezará a prohibirle cosas o todo.
ResponderBorrarJulio David, hermoso relato.
ResponderBorrarNo tuve una infancia dorada, pero me dejo muchas enseñanzas.
Encontrarme con la niña que fui, seria hermoso porque a pesar de todo me hizo fuerte y sensible.
El paso del tiempo es inevitable, un encuentro tierno.
Que pases un hermoso día, nunca pierdas a ese niño interior, se aprende mucho de el.
Besos Julio David
Tan viejos niños seguimos siendo... Lo sepamos o no.
ResponderBorrarAbrazo hasta vos!!
Julio David, siempre sorprendente, atrevido en tu manera de enlazar ideas y contarnos de forma sorpresiva algo preciso y ocurrente como este divertido momento en que la piñata parece transformarse y transformar. Muchísimas gracias y
ResponderBorrarun fuerte abrazo.
Julio, qué texto tan brillante y tan sutil. Me encanta esa imagen de crecer sin darse cuenta, de ir soltando peso mientras uno se vuelve más ancho por dentro. Ese diálogo final entre el niño y el adulto es una joya: tierno, inquietante y profundamente verdadero.
ResponderBorrarTe leo además en un momento muy simbólico para mí, en plena mudanza, rodeado de cajas y de decisiones sobre qué se queda y qué se suelta. Quizá por eso ese “yo me encargo de ahora en adelante” resuena aún más fuerte.
Un relato breve que abre muchas capas.
Un abrazo grande.
Las personas y sus perspectivas visuales se encuentran y a veces dialogan
ResponderBorrarAbrazos 💐☺️
Que bello es sentirse todavia niño cuando se llega a cierta edad...
ResponderBorrarUn saludo, amigo
Una dualidad protagónica admirable con pinceladas de realismo mágico. Bien logrado. Vaya un saludo y te alcance en la distancia sur.
ResponderBorrarBonita forma de describir ese importante paso , hay que conservar siempre vivo al niño interior.
ResponderBorrarAbrazo
Siempre llevamos al niño adentro, es así
ResponderBorrarPaz
Isaac
jaja !Qué buenísima la imagen! además, totalmente verdad. La vida es una enorme piñata llena de sorpresas y coscorrones que nos caen mientras crecemos sin dejar de ser quienes fuimos en esencia, aún cuando parezcamos diferentes por fuera. Mil gracias por esto y aquello ...Un abrazo muy fuerte para ti y tb para el pequeño JULIO DAVID ; )
ResponderBorrarHola Julio David.
ResponderBorrarYo escribo para niños por eso me siento niña. Me ha gustado mucho tu relato.
Te sigo desde hoy. Me encantaría tenerte por mi blog también.
Un saludo y que tengas buen día.
Precioso! Se crece tan rápido. Casi sin darnos cuenta. Eso sí... el niño interior debemos conservarlo siempre.
ResponderBorrarMe encantó ❤❤👏👏