Mi mamá me heredó su cama de toda la vida. Cama que fue circo; cuando nietos contaban/explicaban chistes para que ella sonriera. Cama que fue máquina del tiempo; donde ella rememoraba cosas idas, perdidas, abandonadas e imaginadas. Cama que fue nido; ahí murió postrada.
Tras recibirla, dormía abrazado a su almohada como si fuera su regazo; aferrado al aroma, fusionándome con su esencia, la energía maternal. Extrañándola.