“Ríndete, torpe. Tienes alas cortas y feas. Si sales de la jaula, te vas a caer”, suele pensar Ángel, el lorito, en el duermevela. Ya ni sueños de libertad tiene. Pedro, su compañero de encierro, le aconseja que atienda a esa voz: la intuición es tan sabia como la Tierra.
—Es justamente la que quiero conocer —responde Ángel—. ¿Y si hay mundo más allá de estas barras?
Entonces, alguien deja la jaula abierta. Ambos se lanzan. Pedro casi cierra la puerta, dejando a Ángel con medio cuerpo afuera.
—Ríndete, torpe.
¡Esa voz! ¡No era su pensamiento! ¡Nunca fue su intuición!