sábado, 26 de diciembre de 2020

Coronavirus: La vacuna

La vacuna empezó a repartirse para las navidades. Esto le dio un nuevo aire al cristianismo, atribuyéndose una proeza científica y humana. Pero ¿dónde estaba Dios cuando el vuelo con las dosis a mi país fue secuestrado por terroristas? ¿Es porque somos pobres que a nadie le importa? Si fuese conspiranoico, lo agradecería: ellos afirman que las vacunas nos vuelven todavía más tontos, o vienen con un microchip para rastrearnos. ¡Qué payasos! Igualmente no deja de ser sospechoso que quienes no están vacunados, los discriminan por cualquier cosa. La inyección es voluntaria, pero te hacen sentir mal por no ponértela.

domingo, 20 de diciembre de 2020

Las buenas intenciones

Esa Navidad, Alonso agarró mi Iron Man 28, regalo de moda, y lo tiró por la ventana. Con la calma de un viejo que ha vivido mucho, teniendo apenas ocho años, añadió: “No te aferres a las cosas”. “¡Aweonao! -esa Navidad dije mi primera mala palabra- lo hiciste por envidia”. Y le pegué un combo. “Si estuvieras dispuesto a soltar lo que amas, lo inevitable nos haría menos daño”. “¡Cállate, lo hiciste por envidia!”.

Años después, siendo budista gracias a él, le entendí. Lo busqué para agradecérselo, y aprovechó para confesarme que sí, que lo había hecho por pura envidia.

martes, 10 de noviembre de 2020

52

-Vuelva a decir 33.
-33.
-Nada.
-¿Será problema del estetoscopio?
-Difícil. Mire, puede que sea el número.
-¿El número?
-Probemos con otro.
-Yo creía que el 33…
-Tranquilo. Piense en un número del 1 al 10.
-Siete.
-¡Bien, el de la suerte! Pero tampoco funciona. ¿Cuándo perdió la virginidad?
-¿Qué?
-Perdón, es que tengo que llegar a ese número.
-¿A cuál? No entiendo.
-Diga un número que le parezca importante, que lo haya acompañado toda la vida.
-Eehh…  
-¡Ya sé! ¿Le gusta alguien? ¿Qué edad tiene?
-52.
-Otra vez.
-52.
-¡Yo sabía! Ahora sí escucho cómo le late el corazón.

sábado, 3 de octubre de 2020

Coronavirus: La nueva normalidad

En su sueño se bajó la mascarilla hasta la barbilla, pero abajo llevaba otra. Se retiró las dos, pero abajo llevaba otra. Alguien al lado se asustó. Él lo miró de vuelta como diciéndole ¡no se meta! y se arrancó con prisa la mascarilla, pero abajo llevaba otra. Más gente a su alrededor se asustaba. Ahora les devolvió la mirada como diciéndoles ¡ayúdenme!, y abajo, como cosida a su piel, llevaba otra. Ya le dolía apartárselas. Gritó, y con su grito despertó. Se tocó la cara. Se palpó, se aseguró. Y ahí estaba: dormía con una sola mascarilla. Suspiró aliviado.

viernes, 2 de octubre de 2020

La primeriza

“Ya niños, es Halloween, pórtense mal y pásenlo bien”. Al poco rato de salir, mi hijo volvió corriendo junto a sus amigos. “Mamá -me dijo- la señora Marta dice que si le llevamos un gato, ella nos va a regalar un kilo de dulces”. “¿Un gato? ¿Y para qué?”. “No sé, pero Gonzalo le llevó uno y salió de su casa con una bolsa”. Sospechando lo peor, les ordené a que me esperaran y partí en busca de mi amiga. En el camino recogí un gato callejero. “Tonta -le dije- tienes que ser más discreta”. Y le pasé el felino.

jueves, 1 de octubre de 2020

El mismo sentimiento

-Avísale a tu corazón que llegó la primavera.
-¿Por qué?
-De septiembre siento que me quieres menos. ¿No debería ser al revés? Como a los poetas que se les infla el alma como un globo y no tocan el suelo con los pies.
-Hay poetas que son malísimos…
-Pero siguen siendo sensibles.
-No te quiero menos.
-Tampoco me quieres más.
-Es cierto. Mira, te quiero como siempre.
-¿Y cómo es eso?
-Yo florecí el minuto mismo en que te conocí. Hay días que se abrirán muchas flores, hay días que se abrirán pocas. Pero es primavera, para mí, desde entonces.

viernes, 11 de septiembre de 2020

Re-cordis

A sus 79 años, volvió a buscarla. Y no porque haya resurgido la pasión o la culpa: esas cosas las durmió el tiempo. Si la buscó, hasta encontrarla en un asilo de ancianos, fue para regalarle las cartas de amor que se escribieron hace seis décadas; las que encomendó a un enfermero para que se las entregase. Él ya comenzaba a manifestar síntomas de alzhéimer, y prefirió que la historia de ambos continuara viva en ella.

Desde entonces la mujer lee un trocito de esas cartas cada noche, preguntándose quién fue ese hombre que la quiso tanto en su juventud.

jueves, 10 de septiembre de 2020

Maya

Hola, Maya. ¿Te conté? Poco después de que decidiste terminar nuestra relación (disculpa que te saque el tema otra vez), adopté a una perrita. Es un amor. Y como sé que nunca la verás, te lo cuento aunque no te interese. Es una quiltra con quien bailo reggaetón, comemos muchas galletas y nos dormimos con la tele prendida. Me recuerda a ti, a nosotros... Pero ahora supongo que le mueves la cola a otro.

Me frustra saber que entre tú y yo algo quedó pendiente.

Por eso a la perra le puse tu nombre y le pego todos los días.

jueves, 3 de septiembre de 2020

Coronavirus: Filas, filas, filas

Esta es la fila para empezar a leer. Avanza rápido, aunque depende de qué tanto le intrigue el texto al inicio. Siga a la cola, por favor. Pero respete la distancia, no se exponga. ¿Le interesa? Entonces cámbiese para acá. Se viene el nudo literario. ¿O creía que una sola fila serviría para todo el trámite? Estamos en pandemia, debemos hacer distintas filas. Y este microrrelato no se salva. Ya, aquí el desenlace. Antes, déjeme tomarle la temperatura. Muéstreme su permiso para circular. Acomódese bien la mascarilla o no pasa, y quedará con las ganas de saber cómo termina esto.

miércoles, 2 de septiembre de 2020

¡Aleluya!

Antes anochecía, ahora aborrezco asirme a apegos añejos; asesinos alertados atacando ánimos atormentados. Antes anochecía, ahora atribuyo a algo ameno algunas aventuras amargas anteriormente ambiguas, aunque altamente ardientes. Antes anochecía, ahora atesoro anticuadas añoranzas apenas agazapadas al amparo azul alunado al amanecer. Antes anochecía, ahora aturdido admiro a aves aleteando azarosas, animosas, al alero aparecido ante alguna avalancha amenazante. Antes anochecía, ahora algarabía. Alas alzadas alargan al alma a antiguas auroras. Alucinado, anido ahí. Autoestima alta al alba. Antes, anónimo, anochecía. Ahora alumbro. Antes asustado. Ahora audaz. Anhelo aplacar ansias aceleradas; adormecerlas, acallarlas, adoctrinarlas. Antes anochecía, ahora ámote alocadamente.

Amén.

& Alís

jueves, 27 de agosto de 2020

Por amor (al arte)

Después de mucho, vuelvo a escribir un poema. En blanco. La página se cansa, se aburre, renuncia. ¡Ah, pero aquí viene una buena idea! Entonces agarro la hoja por la nieve o por la nube; se escurre. No me cree. Tiene la cola de una sirena y nada, nada ahora. Es que el primer verso no empezó muy creativo: “Tus piernas son como la luna pero con forma de piernas”. Te digo a ti: dame tiempo y lo mejoro. Más tiempo de luna a tu lado. Más tiempo de tus piernas. Hasta que olvidemos preguntarnos cuánto tiempo es más tiempo.

miércoles, 26 de agosto de 2020

Disculpe, ¿usted sabe dónde está...?

“Siga por esta calle, doble en la siguiente, avance diagonalmente hasta la cóncava convexa. Cruce. Hay un puente pero no hay un puente. Devuélvase caminando siempre de frente. A veces se pasea un unicornio. Si lo encuentra, seguro llegó”.

Poco sé de la vida, menos entonces sobre esta ciudad. Y así, entrego direcciones inexactas cuando alguien me para por ahí y me pregunta por tal o cual lugar.

Un día, todas esas personas llegaron a mi casa:

-Cada dirección que nos diste nos trajo hasta aquí -dijo una de ellas.
-¿Y por qué? -respondí.
-Porque seguimos tan perdidos como tú.

sábado, 22 de agosto de 2020

AntiCuentoDeHadas (3)

Ilusionado, le dedicó un microrrelato fantástico sobre viajes, búsquedas y guerras. Travesía dolorosa pero romántica que trae recompensa, una moraleja que eduque, los deslumbre por siempre. A las puertas del castillo, la salva del dragón que la custodia, rompe todos los hechizos habidos y por haber, y se casan. Le manda el texto por correo. Ella responde: “Muchas gracias, pero soy una mujer empoderada y no necesito el rescate de nadie, yo puedo sola”.

Años después, al rememorar lo escrito, ella cierra los ojos y llora porque cree perdida su oportunidad. Él también llora, porque no cree tener ninguna esperanza.